Rosa Díez y UPD se han significado principalmente por sus críticas a los nacionalistas. Pero pocas veces han recurrido a argumentos liberales. Los nacionalistas han denunciado reiteradamente que son “perseguidos” por tener un sentimiento de pertenencia como la del resto de la población. El último en utilizarlo fue el portavoz del PNV en el Congreso de los Diputados en el debate de investidura de Zapatero. Es el mismo discurso que plantean los terroristas para defender sus postulados.
La solución liberal a ese conflicto es la reducción a la mínima expresión de las imposiciones del Estado, tanto del gobierno central como de las comunidades autónomas. Serían después las asociaciones voluntarias entre los individuos los que determinarían la enseñanza (con ikastolas para nacionalistas y escuelas desidiologizadas para el resto), la sanidad u otras competencias.
Pero eso no aparece en el discurso de Rosa Díez como tampoco aparecía en el de Rajoy cuando escribí sobré cómo debería ser su respuesta liberal a la tregua terrorista:
El problema que plantea una parte de la sociedad vasca es una cuestión muy común en las democracias. Una minoría de españoles no está de acuerdo con que ha decidido democráticamente una mayoría. Como defensores fervientes de la libertad no podemos más que mostrarnos comprensivos con esta minoría. Que no duden que tendrán nuestro apoyo para lograr un mejor encaje en la convivencia con el resto de la población.
Nuestra propuesta es clara. Tratemos que los acuerdos que afectan a esa minoría impuestos por la mayoría sean los menores posibles. Creo que se puede plantear una negociación sobre esta base. Pero lo que no estamos dispuestos a permitir es que esa minoría se quiera arrogar un papel soberano para imponer sus ideas a una minoría que viva en un determinado territorio. La defensa de los intereses de una minoría de españoles no se puede traducir en la violación de los derechos de una minoría de vascos.
Si esa minoría inadaptada al marco constitucional considera que existen normas establecidas por la mayoría que no comparten, reduzcamos esas normas a la menor expresión. Pero que no trate esa minoría de configurarse en una mayoría en un conjunto de menor tamaño para imponer sus normas al resto de ciudadanos vascos.
Sobre esta base de respeto a la libertad garantizada por la constitución y a los derechos reconocidos por la soberanía popular podemos entablar un diálogo. Pero no lo podremos entablar bajo estándares medievales de derechos de las piedras y no de las personas. No aceptamos una negociación entre tribus sino entre ciudadanos libres.


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