UPD ha criticado la reciente promulgación europea del establecimiento de un máximo de 65 horas como jornada laboral.
Se podría censurar esa actitud por dos razones:
La primera porque es oponerse a un acuerdo libre y voluntario entre dos individuos. Que la jornada máxima sean 65 horas no significa que necesariamente haya que trabajar 65 horas de la misma forma que si hay libertad de horarios no signifique se obligue a los comercios a abrir interrumpidamente.
La segunda porque esas normas, como tantas otras, es inútil. Los políticos creen que si mañana votaran que la tierra es plana lograrían que el planeta cambiara su forma. La gente ya trabaja más de las cuarenta horas. No sólo lo hace en las pequeñas empresa sino también en las grandes. Y sin cobrar ninguna hora extra. La norma no es más que un brindis al sol.
Pero la norma no sólo es inútil sino también incongruente. Un trabajador no puede trabajar más de X horas con una empresa pero nada le impide trabajar para varias. Existen muchas personas que compatibilizan un trabajo a jornada completa con otra a tiempo parcial con lo que ya hacen esas 60 horas. Otra norma caduca es la de las vacaciones obligatorias cuando nada impide a un empleado trabajar para otra empresa en ese período.
Que nadie crea que por liberalizar, o mejor dicho, desnormalizar el mercado laboral todos nos convertiremos en esclavos. Los autónomos no tienen ningún período vacacional obligatorio ni tienen jornada laboral máxima y me constan multitud que se marchan de vacaciones y llegan a sus casas a una hora más razonable que muchos trabajadores por cuenta ajena.
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